“¿En qué voy a trabajar si no tengo nada?”

  • Esa es la pregunta que se hacen muchas personas trabajadoras afectadas por la tormenta Nate en el interior del país.

 

Don Javier Barrantes Barrantes es sastre y vecino de Ciudad Cortés, aficionado y practicante asiduo de la bicicleta. Hace unos meses propuso a AGECO una alianza para demostrar cómo la actividad física da enormes frutos.

Preguntamos por él y su esposa María Marcelina Núñez Rosales esta semana, a su hijo, Javier Barrantes Rosales, preocupados por la afectación brutal que hubo en ese pueblo del sur de Puntarenas.

Este relato conmovedor lo queremos compartir con nuestra comunidad y el país, porque el drama postormenta Nate continúa.

Relato de Javier Barrantes Rosales sobre sus padres adultos mayores:

“Mis padres están bien, gracias a Dios; mi hermano y unos sobrinos lograron sacarlos alrededor de las 11p.m. del miércoles 5 de octubre, cuando la inundación ya llegaba a la altura de las rodillas; finalmente las aguas alcanzaron la altura de mi nariz, altura en la cual usted no rescata nada, todo lo pierde, sobre todo porque el movimiento de las aguas es muy fuerte y constante, entonces, todo lo vuelca y tira al agua los roperos, los trasteros, las mesas, la refrigeradora, la lavadora…

Cuando usted regresa todo lo encuentra “patas arriba” y desordenado, lleno de una gran capa de barro.

A pesar que no querían salir, hubo que hacerlo y a regañadientes se fueron. En el caso de ellos, tienen alrededor de 52 años de residir ahí y han vivido todas las inundaciones que han ocurrido desde esa época, una de ellas la famosa “llena del 55” que ha sido la más alta de todos los tiempos.

Lo importante es que mis padres están sanos y salvos, han dormido en nuestras casas sin ningún problema; no hemos permitido que estén en su casa exponiéndose a una infección por el contacto con ese barro insalubre y maloliente; la labor de limpieza la hemos asumido nosotros, sus hijos, sus nietos, sus amistades, voluntarios y hasta personas que hemos contratado.

Mi mamá, María Marcelina, fue operada de un reemplazo de cadera y camina un poco más lento. Mi padre, practica bicicleta aún y eso lo mantiene con mucha energía y salud.

Después de estar un día en casa de uno de sus nietos, los trasladé a mi casa para desahogar un poco la casa de mi sobrino, ya que no solo mis padres se fueron a refugiar allí, también requirieron posada mi hermano y otro hijo suyo.

Tenerlos fuera de su casa inundada nos ha dado tranquilidad porque evitamos el riesgo de que les vaya a pasar algo; sin embargo, ellos piensan mucho en sus pertenencias que fueron totalmente destruidas y algunas ya ni existen porque se las llevó la inundación.

Por ejemplo; desaparecieron entre las aguas algunos cortes de tela para pantalones que papi tenía que elaborar, también se perdió el libro donde él apunta las medidas de los clientes para confeccionarles los pantalones; esto último lo tiene pensando porque se pregunta cómo va a llegar a coser si ni siquiera tiene las medidas para hacer los pantalones.

También le preocupa sus clientes, cuando lleguen a preguntar por sus pantalones y ni siquiera están los cortes y los que quedaron están totalmente llenos de barro, probablemente se puedan lavar con el riesgo que queden manchados porque ese barro es muy pegajoso, contaminante y fuerte.

Además, le preocupaba mucho las pertenencias personales de ambos, que ya que al salir de prisa durante la noche y con la crecida de las aguas, no pudieron llevarse nada.  Cuando regresamos a buscarlas dos días después, estaban totalmente llenas de barro y curtidas, hemos tenido que comprarles para sustituir algunas.

Consciente de que su libro de medidas desapareció muy  probablemente entre el barro y que sus cortes tampoco están, mi papá me dijo un día de estos, sentados en el corredor de mi casa: “¿Y ahora qué voy a ir a hacer a mi casa, en qué voy a trabajar si no tengo nada?”.  La incertidumbre sobre su futuro laboral lo ha embargado, aún cuando regresa a su casa, busca con ansias el libro que le dé esperanzas de volver a retomar su ritmo laboral.

Nosotros le decimos que empiece limpiando las máquinas de coser, quitándoles el barro por dentro y aceitándolas para que vuelvan a funcionar y así pueda volver a ponerse a coser.

 

Y es que además de las máquinas de coser, también se estropeó una máquina fotocopiadora que la usaba para vender fotocopias.

Volver a la rutina y procurar recuperar la vida de antes, está tomando mucho tiempo y energía, pero con la ayuda de la familia y sus hijos Gerardo (58 años), Javier (57 años), Elizabeth (54 años) y  Andrés (50 años), todos Barrantes Rosales, esta pareja de personas adultas mayores comienza de nuevo tras este devastador paso de la tormenta Nate.

Para ayudar a esta población adulta mayor, AGECO está realizando una campaña especial de recolección de alimentos y otros utensilios.

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