El peligro de automedicarse

Por Carolina Coronado

La automedicación es la utilización de medicamentos por iniciativa propia sin ninguna intervención por parte de un profesional en medicina. Esto suele ocurrir a menudo con los medicamentos que no necesitan receta, ni prescripción. No obstante, aunque un medicamento sea de venta libre y no requiera receta para su compra, esto no quiere decir que sea inofensivo para el cuerpo y no pueda resultar perjudicial en determinadas situaciones.

Aunque el tomarse una acetaminofén por un dolor de cabeza puede ser conveniente por ser utilizado para tratar un síntoma menor, se trata de un hábito común que no está exento de riesgos. En este sentido, el doctor Carlos Zúñiga Loaiza, explica que el principal riesgo de la automedicación, son los efectos adversos secundarios a la toma de esta medicación de forma innecesaria.

Según Zúñiga, “las personas adultas mayores, en muchas ocasiones, toman varios medicamentos y si a estos suman, uno más no recetado por su médico, puede haber interacciones medicamentosas que pueden provocar alteraciones en los efectos de un medicamento debido a la utilización reciente o simultánea de otro y en lugar de beneficiar al paciente, lo afectan”.

También puede suceder que un exceso de medicación, en un momento no oportuno, provoque que cuando realmente la necesitemos, los medicamentos no hagan el efecto deseado por tolerancia o resistencia, como puede ser el caso de los antibióticos, alerta el galeno.

En concreto, la automedicación sin control médico o farmacéutico representa una serie de riesgos para la salud que, en la mayoría de los casos, son desconocidos por las personas; algunos son:

  • Toxicidad: efectos secundarios, reacciones adversas y, en algún caso, intoxicación.
  • Falta de efectividad, porque se utilizan en situaciones no indicadas. Por ejemplo, la toma de antibióticos para tratar procesos víricos contra los cuales estos medicamentos no son efectivos.
  • Dependencia o adicción que pueden resultar en la ocultación de síntomas graves y, consecuentemente, retraso en el diagnóstico y tratamiento.
  • Interacciones con otros medicamentos o alimentos que la persona esté tomando, que pueden producir una potenciación o disminución del efecto del medicamento.
  • Resistencias a los antibióticos y como su uso excesivo puede hacer que los microorganismos desarrollen mecanismos de defensa delante de estos medicamentos de manera que dejan de ser eficaces.

Por estos motivos, si la persona presenta una sintomatología nueva o vieja por muy leve que sea siempre se debe de consultar previamente a su médico, aconsejó el especialista.

 

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